De la Patagonia al noroeste en auto, 2000 km, con mate y música que una se olvida que le encanta. La Quebrada de Humahuaca tiene 155 kilómetros y un pasado geológico de 600 millones de años. Fuimos a verla despacio.
Salimos de la Patagonia norte con el auto cargado y el mate listo. La Payunia primero, con su piedra negra volcánica y el horizonte sin interrupciones. Después los ríos mendocinos, ese verde que aparece de golpe en el desierto. Las curvas de San Juan, la aridez que cambia de textura con cada hora. En tantas horas de ruta pasan cosas que no pasan en otro lado: escuchás música que te habías olvidado que te encanta, hablás de cosas que en la vida cotidiana no encuentran espacio, te quedás callada sin que el silencio sea incómodo. El mate va y viene. La Rioja, Salta, y entonces Jujuy, con sus rojos que aparecen despacio en el horizonte y después lo son todo.
Hicimos base en Tilcara. El Pucará, que tiene más de novecientos años y desde cuyas ruinas la Quebrada se ve entera, la Garganta del Diablo, el cerro de los 7 colores en Purmamarca, que en rigor son más de siete si uno se detiene a mirarlos: cada capa de roca es una era geológica distinta, desde los 600 millones de años del verde de las pizarras de cobre hasta los 3 o 4 millones del rojo del hierro. El color de los cerros jujeños es química, tiempo y agua. Uno lo mira y sin querer está mirando la historia del planeta.
n Purmamarca, cerca de la plaza, después de recorrer varios puestos con tejidos de colores vibrantes, casi eléctricos, encontramos una esquina distinta. Había aguayos mezclados: algunos nuevos, otros no. Nos llevamos dos iguales, unidos por la mitad, con colores tierra, lavaditos, con esa palidez que tienen las cosas que han vivido. Ahora descansan en el sillón del living. Cada vez que los veo pienso en esa esquina.
Hay objetos que cargan tiempo adentro. No hace falta saber de quién son para sentirlo.
Desde Tilcara fuimos a Huacalera y después a Uquía, donde está la quebrada de las señoritas. El acceso es exclusivamente con guía local, por razones de seguridad y también porque es una manera concreta de que el turismo le deje algo a la comunidad que vive ahí. El cuerpo siente la altura aunque uno no quiera reconocerlo: estamos cerca de los 3.000 metros. Llevamos agua por persona, como nos pidieron, y la consumimos toda.
Nos acompañó un chico de la zona. Desde el principio quedó claro que nuestras preguntas y su manera de habitar ese lugar iban por caminos distintos. Queríamos saber de formaciones, de tiempos geológicos, de nombres técnicos. Pero él respondía con frases cortas y concretas en base a su experiencia y el resto del tiempo era caminar en silencio. Al principio traté de llenar ese silencio con más preguntas. Después aprendí a caminar nomás. Fuimos encontrando un punto medio entre sus pausas y nuestras ganas de devorar el lugar: algo parecido al diálogo, aunque sin muchas palabras.
Éramos cinco en total. Además del guía, dos chicos franceses que se habían tomado el año para dar la vuelta al mundo. Estaban fascinados de estar los cinco solos en esa inmensidad. Nosotros también. Formaciones rojizas, ocres, violetas, una escala que achica a las personas hasta volverlas puntos. Vinieron de Francia a buscar lo mismo que nosotros vinimos a buscar desde la Patagonia.
Pasando por el costado de Purmamarca, continuamos para hacer la cuesta de Lipan que nos llevaría a las Salinas Grandes. Llegamos con el cielo completamente negro, cargado, y las salinas completamente solas. Nos quedamos en el borde, mirando. El blanco en la oscuridad, el silencio, la escala. Cuando llueve, el suelo tarda varios días en absorber el agua y se forma un espejo infinito. Llegamos justo cuando había parado un poco la lluvia pero sabíamos que esa calma era breve. Nos quedamos en el borde, mirando, tomando algunas fotografías y guardando ese paisaje inmenso en la retina.
En algún momento del viaje vimos pasar el Tren Solar de la Quebrada. Inaugurado en 2024, es el primero de su tipo en Latinoamérica: funciona con baterías que ser cargan con el sol, y recorre los 42 kilómetros entre Volcán y Tilcara por un ramal que llevaba treinta años abandonado. Los pueblos de la quebrada lo esperaban, aunque el precio actual, diferenciado pero no exactamente accesible para el bolsillo local, abre una pregunta que el tren mismo no responde: ¿para quién es?
En la misma esquina de Purmamarca convivían el aguayo con teñido tradicional y el tejido industrial de colores eléctricos. En los puestos de cerámica, las vasijas de barro negro hechas a mano al lado de las producidas en serie. Los dos se venden, los dos funcionan, los dos son parte de lo que Jujuy ofrece hoy. La diferencia no es que uno sea bueno y el otro malo. Es que uno carga el tiempo adentro y el otro no. Y eso, al menos a mí, me importa.
Jujuy tiene una linda densidad que se siente antes de poder explicarla. La luz es distinta a cualquier otra luz argentina. Una hora ahí es más que una hora: la gente habita el tiempo sin apurarlo, como si el tiempo fuera un lugar en el que también se puede vivir. Uno llega con las preguntas de quién quiere saber todo del lugar y termina aprendiendo que algunos lugares se dejan conocer de a poco, al ritmo que ellos proponen, hay que estar ahí.
No me da miedo decirlo: si no viviera en San Martín de los Andes, viviría en Jujuy. Los dos tienen esa cualidad de los lugares que te eligen antes de que vos los elijas a ellos. En la quebrada de las señoritas éramos cinco personas en silencio, cada una con sus razones para estar ahí, ninguna con prisa. El chico caminaba adelante sin mirar atrás. Y nosotros lo seguíamos, con el mate frío esperando en el auto y los aguayos lavaditos todavía sin saber que iban a terminar en el sillón del living de una casa que todavía ni habíamos construido.
Para saber más
Tilcara es el punto de partida más cómodo para recorrer la Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad por la Unesco en 2003. El cerro de los 7 colores se visita desde Purmamarca, a 25 km. Las Salinas Grandes están accesibles desde Purmamarca por la Ruta Provincial 52. La quebrada de las señoritas está en Uquía, a unos 20 km de Tilcara: el acceso es exclusivamente con guía local. Se recomienda llevar al menos un litro y medio de agua por persona y tomarse un día de adaptación a la altura antes de hacer caminatas. El Tren Solar de la Quebrada sale desde la estación de Volcán y llega hasta Tilcara, con paradas en Tumbaya, Purmamarca y Maimará; los pasajes se compran en trensolar.com.ar.
















