Terminaba la primera semana completa recorriendo Jujuy, nuestro próximo destino era Humahueca, allí teníamos vistos algunos hospedajes para los últimos días de nuestra visita al Norte. Pero como veníamos viajando sin apuro, salimos desde Purmamarca con la intención de parar en todos los pueblitos hasta llegar Humahuaca. Como las distancias allí son cortas, en ese día teníamos que llegar a destino, pero el viaje se extendió cuando llegamos a Huacalera. Allí pasamos dos días completos antes de continuar.
En la Quebrada de Humahuaca, la mayoría de los viajeros van de Purmamarca a Tilcara y de aquí a Humahuaca sin detenerse demasiado en los pueblos que quedan en el medio. Huacalera es uno de esos pueblos del medio que tiene la particularidad de los lugares que no compiten por atención: su belleza es tranquila, geológica y cotidiana.
El pueblo se asienta en el valle a unos 2.940 metros sobre el nivel del mar, entre formaciones de roca que resumen millones de años de historia geológica en estratos de colores que van del rojo al amarillo al gris al violeta. No es la espectacularidad del Cerro de los Siete Colores de Purmamarca — es algo más discreto y, en cierta manera es la roca sin el marketing.
Habíamos parado un momento en Huacalera para pedir agua caliente en un hotelito al borde la ruta cuando conocimos a Elida con quién pasamos un rato hablando y nos recomendó visitar su pueblo. A pie puede ir, dijo. Así que eso hicimos.

La geología que se ve sin necesidad de explicación
Las formaciones que rodean Huacalera son parte de la misma secuencia de sedimentos que hace tan extraordinaria toda la Quebrada de Humahuaca. Millones de años de depósitos marinos, fluviales y eólicos comprimidos y levantados por la actividad tectónica de los Andes, expuestos por la erosión en capas que se pueden leer como las páginas de un libro viejo.
Lo que hace especial a las formaciones cerca de Huacalera es la combinación de colores en una escala manejable, no la pared monumental del Hornocal, sino afloramientos a ras del suelo, accesibles, donde uno puede acercarse y ver la textura de la roca, las vetas de colores que atraviesan los estratos en diagonal. Paisajes que no requiere ningún conocimiento previo para resultar fascinante.
La llama: animal de trabajo y símbolo
La Quebrada tiene llamas en todas partes, pero cerca de la casa de Elida estaba las llamas más amigables de toda la quebrada. Ahí nos enteramos que la mujer pertenecía a una agrupación de tejedoras del norte que se destacaban por su trabajo en telar con lana de llama. Los animales tenían esa mirada directa, casi altiva, con el pelaje denso y las orejas paradas que concentra todo lo que el animal representa en el imaginario andino: antigüedad, adaptación, la capacidad de vivir a 3.000 metros de altitud con una elegancia que ningún animal importado podría replicar.
La llama no es decorado turístico en la Quebrada, es animal de carga, fuente de fibra, compañera de trabajo en las fincas del valle. La industria textil artesanal del noroeste argentino depende de su fibra, y hay comunidades en la Quebrada que sostienen su economía sobre ese recurso.
El cementerio: un lugar donde la muerte tiene color
El cementerio de Huacalera, como muchos cementerios del noroeste argentino, es un objeto visual extraordinario. Las tumbas pintadas en colores vivos con sus coronas azul, rosa, amarillo, blanco, y el fondo de la roca ocre y fucsias de las montañas producen una imagen que no tiene equivalente en ninguna otra región del país.
El color en las tumbas del noroeste refleja una relación con la muerte que tiene raíces tanto en la tradición católica popular como en la cosmovisión andina. Los muertos no están separados de la vida cotidiana sino presentes, visitados cotidianamente, y cuidados. El cementerio de Huacalera, como todos los del norte, es un lugar que se cuida.
Después de caminar largas horas por los paisajes de Huacalera volvimos a lo de Elida donde dormimos esa noche y también la siguiente. Huacalera tiene opciones de hospedaje modestas, algunas posadas y casas de familia, que si buscas comodidades de hotel no las tienen todas, pero te aseguro que tu visita al norte da un vuelco cuando conoces la vida cotidiana, su amabilidad y atención. La humita, el locro y las empanadas jujeñas son los platos de referencia, y son los que probamos esos días allí en Huacalera pero hechos en casa.
¿Querés llevarte un poquito de Jujuy a tu casa?
Tenemos una ilustración de la Quebrada de Humahuaca que intenta capturar no la postal conocida sino la textura del lugar: la roca, el color, la vida cotidiana que sigue a los costados del camino turístico.
Envíos a todo el país.
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Cuesta de Lipán
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Cuesta del Hornocal
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El Hornocal
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La llama
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Las Salinas Grandes
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Pueblo de 7 colores
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Purmamarca
$ 70.000,00


















