Los guaraníes llamaron a esta flor «mburucuyá», criadero de moscas, por el néctar dulce que atrae insectos. Los jesuitas vieron la misma flor y le encontraron la corona de espinas, los clavos y las heridas de Cristo, y la bautizaron flor de la pasión. Dos formas completamente distintas de mirar lo mismo, en un parque que también nació de una mirada distinta: la de un abogado danés que se convirtió en una eminencia mundial de la botánica sin dejar nunca Corrientes.
El danés que se quedó
En 1928, Nils Peter Pedersen llegó a Palmar Grande y compró la Estancia Santa Teresa. Su hijo, Troels Myndel Pedersen, heredó la tierra y con el tiempo se convirtió en una autoridad mundial en botánica, dedicado a preservar la flora y fauna nativas del lugar en el que había crecido. El 27 de noviembre de 1991, Pedersen y su esposa, Nina Johanne Sinding, donaron las 17.660 hectáreas de la estancia a la Administración de Parques Nacionales. Una década después, en 2001, el Congreso terminó de convertir esa donación en el Parque Nacional Mburucuyá —el primero de la provincia de Corrientes, y el número 34 del país.
Selva paranaense a 167 km de la capital correntina
El parque protege uno de los últimos remanentes de selva paranaense, además de bosques xerófilos y palmares de yatay, dentro de la ecorregión de los Esteros del Iberá. En sus 17.660 hectáreas conviven unas 1.300 especies vegetales —alecrín, palmera pindó, timbó, quebracho blanco y colorado, chañar, algarrobo blanco— y una fauna que incluye lobito de río, aguará guazú, ciervo de los pantanos, oso melero, 290 especies de aves y reptiles como el yacaré negro y el yacaré ñato.
Cómo visitarlo
Se llega desde Corrientes capital por RN 12 y RP 13 (167 km) o desde Ituzaingó por RN 12, RP 118 y RP 6 (209 km). El parque no tiene servicios de comida, así que conviene llevar provisiones propias; el pueblo de Mburucuyá, a 10 km, ofrece 126 plazas de alojamiento y actividades adicionales como paseos en carro, cabalgatas, un paseo en tren, el Museo del Chamamé y el mirador Cañada Fragosa. Para acampar dentro del parque hay que coordinar antes con la intendencia. La temporada seca, de mayo a septiembre, ofrece los senderos más accesibles y mejores chances de avistaje de fauna.








