En los Esteros del Iberá no solo se conserva naturaleza: se la trae de vuelta. Es uno de los proyectos de rewilding —reintroducción de especies extinguidas en una región— más ambiciosos del mundo, y ahí está buena parte de lo que hace especial a este humedal de casi 713.000 hectáreas en el corazón de Corrientes, uno de los más grandes del planeta después del Pantanal.

Un parque que existe por una donación
El Parque Nacional Iberá se creó recién en diciembre de 2018, cuando el Congreso argentino aprobó sumar 159.800 hectáreas donadas por la Fundación Conservation Land Trust —creada por Douglas y Kristine Tompkins— a las 553.000 hectáreas que ya protegía el Parque Provincial Iberá. El resultado es un área natural de casi 713.000 hectáreas con más de 4.000 especies de flora y fauna registradas.
Especies que volvieron de la ausencia
El caso más resonante es el del yaguareté, el felino más grande de Sudamérica, extinguido en la provincia por la caza furtiva y la pérdida de hábitat. En 2012 arrancó un programa de cría en la isla de San Alonso, y en junio de 2018 nacieron los primeros dos cachorros en el Iberá después de décadas sin la especie en la zona. Hoy hay ejemplares reproduciéndose por su cuenta, sin intervención humana directa.
El oso hormiguero gigante fue el primero de la lista: su reintroducción en 2007 fue, a nivel mundial, el primer proyecto de reintroducción de la especie en cualquier parte del planeta, y hoy sostiene una población que ya no necesita monitoreo constante. El guacamayo rojo, ausente del Iberá por más de un siglo, también volvió a volar sobre los esteros gracias a sucesivas liberaciones de ejemplares. En total, son diez las especies con proyectos de reintroducción activos o completados: yaguareté, venado de las pampas, oso hormiguero gigante, tapir, pecarí de collar, guacamayo rojo, muitú, nutria gigante, aguará guazú y chuña de patas rojas.


Fotografías de Gustavo Arias
Cómo llegar
El acceso más común desde la ciudad de Corrientes es en auto particular o con tours organizados hacia Colonia Carlos Pellegrini, un pueblo chico que funciona como la puerta de entrada más usada al humedal.
Qué hacer
Los paseos en bote por lagunas y canales son la forma más directa de ver de cerca la fauna del lugar: carpinchos, yacarés, ñandúes y, con algo de suerte, alguna de las especies reintroducidas. También se puede salir a observar aves específicamente, o caminar los senderos que bordean las lagunas y atraviesan la vegetación del estero.
Cuándo ir
La mejor época es de marzo a noviembre, cuando el clima es más seco, los recorridos son más accesibles y aumentan las chances de ver animales activos durante el día.







