En Bariloche en invierno la nieve manda la agenda: guía real de los tres centros de esquí, cómo llegar, dónde dormir y comer, y qué tener en cuenta antes de viajar esta temporada.
El Catedral Catedral llegó a julio con la apertura en duda. Las nevadas tardaron, apenas funcionaba el sector de Aprendizaje y en Bariloche se hablaba más del clima que de las pistas. Después llegó la nieve —la misma que terminó de convertir a la ciudad en el destino de nieve más buscado de la Argentina en las últimas semanas— y el centro de esquí más grande de Sudamérica, con 599 hectáreas esquiables, empezó a abrir sector por sector hasta quedar operativo casi por completo. Si estás pensando un viaje a Bariloche en invierno, esta temporada tiene una particularidad: hay nieve de sobra, pero también hay que moverse rápido, porque la demanda de pasajes y alojamiento ya viene empujando fuerte desde la segunda quincena de julio.
Esta guía recorre los tres centros de esquí que rodean la ciudad, cómo llegar, qué hacer además de esquiar, dónde dormir en hoteles con identidad propia y dónde comer cocina de autor patagónica. Al final, lo que conviene tener resuelto antes de subir al avión.
Los centros de esquí de Bariloche, uno por uno
Cerro Catedral concentra casi toda la conversación, y no es casualidad: son 58 pistas y 26 medios de elevación sobre 599 hectáreas, con un desnivel de 1.150 metros entre la base, a 1.030 metros sobre el nivel del mar, y la cumbre, a 2.180. Sumando pistas pisadas y sectores fuera de pista, el área esquiable llega a 120 kilómetros, repartidos en un 2% para principiantes, 57% para nivel intermedio, 33% para avanzados y un 9% reservado a expertos. El pase diario para esta temporada arrancó en 160.000 pesos, un 39% más que los dos inviernos anteriores, y se retira en la boletería base, en Villa Catedral —a 20 kilómetros de Bariloche—, en el aeropuerto o en las oficinas porteñas de Reconquista 602.
Cerro Otto es otra historia. Ahí no se va tanto a esquí alpino como a subir: el teleférico —a 5 kilómetros del centro— recorre 2.100 metros en doce minutos repartidos en 42 cabinas para cuatro personas cada una, hasta la cumbre a 1.405 metros, donde funciona la primera confitería giratoria de Sudamérica. El cerro lleva el nombre de Otto, un inmigrante alemán que fue de los primeros pobladores de la zona, y para quien prefiere el esfuerzo antes que la vista panorámica hay un centro de esquí nórdico con 10 kilómetros de pistas sobre terreno ondulado, ideal para arrancar con el talón libre antes de subirse a algo más exigente.
El tercero queda más lejos y por eso mismo se siente distinto: Cerro Perito Moreno, también conocido como Laderas, está a hora y media del aeropuerto de Bariloche por la Ruta 40, cerca de El Bolsón. Tiene 17 pistas que suman 25 kilómetros, 10 medios de elevación y capacidad para 2.000 esquiadores por día —una fracción de lo que mueve el Catedral—, con 750 metros de desnivel esquiable hasta los 2.294 metros de la cumbre. Esta temporada están abiertas cuatro de sus pistas más largas: Panorámico, Muro, Cóndor y la Leo Rudolph, homologada por la Federación Internacional de Esquí para competencias. Hay un refugio de montaña con capacidad para 60 personas, un hostel y un restaurante, y la sensación general es la de un centro de esquí familiar, sin las colas del Catedral en temporada alta.

¿Qué hacer en Bariloche cuando no estás en la nieve?
Bariloche tiene una vida más allá de las pistas, y ahí es donde la ciudad empieza a mostrar por qué no es solo un destino de temporada. El Circuito Chico, un recorrido panorámico de unos 65 kilómetros por el sector oeste de la ciudad, conecta el bosque municipal Llao Llao, el cerrito del mismo nombre y el cerro López, y se puede hacer en auto, en bici o en excursión organizada. Ahí está también el Cerro Campanario, que se sube en aerosilla y ofrece una vista de 360 grados sobre el Nahuel Huapi que no necesita mucho más adjetivo que la lista de lagos que se ven desde arriba en un día despejado. Para quien prefiere caminar, hay refugios de montaña a cuatro y seis horas de trekking —San Martín en Laguna Jakob, Frey en Laguna Toncek, Segre en Laguna Negra—, y el Museo de la Patagonia, en el Centro Cívico, cuenta la historia natural de la región y de los pueblos originarios que la habitaron antes que nadie pensara en esquiar ahí.
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Y ya que se habla de historia: Bariloche no nació como pueblo de montaña sino como puesto de comercio. En 1895, el alemán Carlos Wiederhold abrió una casa de ramos generales llamada «La Alemana» donde hoy está el Centro Cívico, y recién en 1902 la ciudad tuvo su fundación oficial por decreto. Su nombre es una deformación de «Vuriloche», el término con el que los pueblos originarios que habitaban los valles al este de la cordillera —antes de la llegada mapuche— nombraban a la «gente distinta de atrás o del otro lado». Ese mismo patrón de nombres heredados de lenguas originarias se repite en otros pueblos de la región, como Traful, el lago mapuzungún que le da nombre a Villa Traful y que ya recorrimos en esta nota. La identidad alpina que hoy asociamos con Bariloche —techos de tejuela, madera de ciprés, piedra vista— es en gran parte obra de un solo arquitecto: Alejandro Bustillo, que diseñó el Centro Cívico junto a Ernesto de Estrada, la Catedral y el Hotel Llao Llao, inaugurado el 9 de enero de 1938 y reconstruido en madera y piedra después de que un incendio lo destruyera apenas nueve meses más tarde, en octubre de 1939.
Antes de viajar: lo que hay que saber para un invierno en Bariloche
Reservar con anticipación no es una recomendación genérica en este caso: pasajes, alojamiento, excursiones y pases de esquí se agotan de verdad en la segunda quincena de julio, que es el pico de la temporada. La vestimenta en capas es más eficaz que un solo campera gruesa, y quien no tenga equipo de nieve puede alquilarlo por día en la ciudad —incluido el calzado, clave porque las veredas del centro se congelan y se vuelven resbaladizas. Si el plan incluye auto propio o de alquiler, hay que asumir que en ciertos tramos el uso de cadenas es obligatorio, y que conviene comprarlas antes de salir de la ciudad: en las estaciones de servicio de ruta se consiguen, pero una nevada intensa puede dejarlas sin stock justo cuando más se necesitan.
La nieve de esta temporada llegó tarde, pero llegó en serio. Con el pase del Catedral retirado, el auto con cadenas en el baúl y una mesa reservada en tu cervecería favorita para la noche, el resto ya corre por tu cuenta.
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