El Viaducto de los Nueve Arcos —Nine Arch Bridge en inglés— es una de esas imágenes que uno ya vio mil veces antes de llegar a Ella cuando estás armando tu viaje a Sri Lanka. El tren verde cruzando el viaducto de piedra, rodeado de selva y plantaciones de té, con la niebla de las tierras altas. Es una foto perfecta, perfecta según el momento y estándar de Instagram de hace unos años. El problema, como descubrimos, es que es solo eso: una foto.
La primera vez: mediodía, multitudes y una foto que ya vimos mil veces
Llegamos al mediodía. Había cientos de personas apostadas en los mejores ángulos, calor, ruido, basura en los bordes del camino. El tren apareció puntual, casi en cámara lenta. Venía repleto de turistas asomados por las ventanillas; antes de llegar al puente se detuvo, los turistas bajaron cinco minutos para hacer fotos, volvieron a subir y el tren cruzó con muchos de ellos haciendo malabares en las ventanas y puertas para tener esa imagen viral que tantas veces vimos. Ellos se hacían fotos mientras nosotros los fotografiábamos a ellos desde los improvisados miradores que se formaron con los años. Dos grupos de personas que ese mismo día, o en un futuro, se cruzarían en imágenes, ninguno viendo realmente la obra de ingeniería que había dado inicio a todo esto. Estuvimos veinte minutos y nos fuimos.
Esa noche, de vuelta en el hostal, empezamos a preguntarnos algo que no habíamos pensado antes: ¿cuándo había empezado todo esto? El Nine Arch Bridge existe desde 1921. ¿Cuándo se había convertido en destino de peregrinación fotográfica? La respuesta que encontramos fue precisa: alrededor de 2015 y 2017, cuando viajeros empezaron a compartir en redes sociales imágenes del tren azul cruzando el puente al amanecer. Antes de eso, era simplemente un puente por el que pasaba un tren.
El viaducto fue construido entre 1919 y 1921, durante la era colonial británica, como parte de la línea ferroviaria que conecta Colombo con Badulla. Lo extraordinario de su historia no es la foto: es que se terminó sin una sola pieza de acero. La Primera Guerra Mundial había desviado el acero asignado para la obra hacia el frente de batalla, y los ingenieros locales resolvieron el problema con piedra, ladrillo y cemento. Cien años después, el puente sigue en pie, sin acero, atravesando la selva a veinticuatro metros de altura (fuente: Wikipedia).
La leyenda de P. K. Appuhami
La historia más conocida atribuye gran parte del mérito a un constructor local llamado P. K. Appuhami, un bailarín ritual y tamborilero que terminó convirtiéndose en capataz de la obra. La leyenda dice que cuando los ingenieros británicos dudaron de la solidez de su trabajo, Appuhami se ofreció a acostarse debajo del puente cuando pasara el primer tren. Wikipedia aclara, con su habitual frialdad, que no hay evidencia documental de su participación. Pero el folklore dice que sí, que efectivamente Appuhami se acostó, y esa historia sigue siendo parte del patrimonio local.
«Hasta la historia más hermosa que se cuenta sobre el puente es incierta. Todo en este lugar existe en dos versiones: la imagen y lo que hay detrás de ella.»
Volver al amanecer: cómo ver el Nine Arch Bridge sin las multitudes
A las cinco y media de la mañana sonó la alarma y volvimos al Nine Arch Bridge. Niebla en el camino, humedad, silencio. Éramos seis personas en total. El tren pasó sin turistas, a su ritmo normal, como lleva haciendo más de un siglo. El puente se veía entero, sin personas, sin cabezas asomándose, ni teléfonos. Y entonces, mientras Gus intentaba sacar una foto decente, sentí algo en la pierna: dos sanguijuelas que habían encontrado su camino bajo el pantalón. El momento se volvió completamente real, sin filtro ni # posibles. No quiero contar mi reacción por pudor. Solo decir que, por un momento, el viaje dejó de parecerse a una foto.
Un destino gestionado por el algoritmo
Sri Lanka está en un momento delicado. Es un país de una riqueza natural y cultural extraordinaria —los templos, las plantaciones de té, la fauna, la cocina, la amabilidad de su gente— que todavía conserva algo de autenticidad, pero que empieza a sentir la presión del turismo masivo en sus puntos más fotografiados. El viaducto de Ella es el ejemplo más claro: un lugar que existió durante casi un siglo en relativa tranquilidad y que en menos de una década se convirtió en un destino gestionado por el algoritmo, con un tren que ya no solo transporta personas de un lugar a otro sino también imágenes de un feed a otro.
Nos quedamos un rato largo en el mirador, con las sanguijuelas ya retiradas y la promesa de un café caliente que nos esperaba en el hostal. El tren volvió a pasar una vez más, casi vacío, sin nadie asomado. Cruzó los nueve arcos de piedra igual que lo hizo durante décadas antes de que alguien sacara la foto que lo cambió todo. Y por un momento fue posible ver lo que es: una obra de ingeniería notable, construida sin acero en medio de una guerra, en un país que todavía tiene mucho más para mostrar que sus fotos más famosas.
Qué más hacer cerca del puente
Lo que rodea al Nine Arch Bridge, sin embargo, sigue siendo extraordinario: las plantaciones de té que bajan por las laderas, los senderos hacia Little Adam’s Peak, los pueblos pequeños de las tierras altas. Todo eso está a pocos minutos del viaducto. Esa misma tarde, recorriendo los alrededores de Ella, encontramos viveros en medio de la jungla, personas caminando descalzas con una calma que no se aprende. Un hombre repartiendo comida a los perros de la calle mientras estos esperaban en fila, pacientes, cada uno en su lugar. Sri Lanka entera estaba ahí, a diez minutos del puente más fotografiado del país.
Cómo llegar al Nine Arch Bridge (datos prácticos)
El puente es de acceso público y no tiene costo de entrada. Desde el centro de Ella hay varias formas de llegar:
- En tuk-tuk: unos 10 minutos de viaje, con tarifas que suelen rondar los 800-1.500 rupias esrilanquesas (LKR).
- Caminando desde Ella: son aproximadamente 4 km, entre 40 minutos y una hora a pie.
- Por las vías del tren: desde la estación de Ella hacia Demodara, unos 2,5 km caminando junto a las vías.
Conviene ir con luz de día —el sendero no está iluminado— y calzado cómodo, sobre todo si se elige la caminata más larga.
Preguntas frecuentes sobre el Nine Arch Bridge
¿Vale la pena ir al Nine Arch Bridge en Ella? Sí, pero conviene ir con expectativas realistas: al mediodía es una experiencia masificada, ruidosa y con poco lugar para apreciar la obra en sí. La visita vale más la pena si se combina con un segundo paso al amanecer o se complementa con los alrededores de Ella (Little Adam’s Peak, plantaciones de té).
¿Cuál es el mejor horario para evitar las multitudes? El amanecer, alrededor de las 5:30-6 am, cuando el tren pasa casi vacío de turistas y el puente se puede ver sin las multitudes del mediodía.
¿Cuánto cuesta entrar y cómo se llega desde Ella? No tiene costo de entrada. Se puede llegar en tuk-tuk (unos 10 minutos), caminando desde el centro de Ella (4 km, 40 minutos a 1 hora) o siguiendo las vías del tren desde la estación de Ella (2,5 km).













