Arrayán existe porque una joven inglesa de 26 años vino a visitar a su hermano y no se quiso ir más. Casi noventa años después, la casa de té que fundó sigue abierta, y cada uno de sus blends de té todavía lleva el nombre de una mujer distinta que la sostuvo.
La actriz que se quedó en la Patagonia
Renée Dickinson era una joven inglesa que aspiraba a actriz y modelo cuando, en 1936, viajó a San Martín de los Andes a visitar a su hermano Barney, que trabajaba como mayordomo en una estancia de la zona. Se enamoró del lugar de una forma que le cambió los planes por completo: consiguió la autorización de Parques Nacionales y empezó a construir, a 4 km del centro, una casa de té con hostería a la que llamó Arrayán. La abrió en 1939. Murió apenas cuatro años después, a los 30.
Su hermano Barney y su esposa Francis —que se hizo cargo de la cocina— tomaron la posta para que Arrayán no cerrara. Después heredó la hija de ambos, Janet Dickinson, que la sostuvo por décadas. Hoy está a cargo de la tea blender Ornella Aristizábal, que sigue eligiendo un nombre de mujer distinto para cada uno de los blends artesanales de la carta —un homenaje directo a las generaciones que mantuvieron viva la idea original de Renée.
Qué se come y se toma ahí
La fachada, declarada Patrimonio Histórico y Cultural de San Martín de los Andes, da paso a un salón chico de mesas y sillas de madera con estilo rústico. La carta tiene repostería y viennoiserie artesanal, scones clásicos, tablas y bruschettas saladas, y los tea blends que le dan nombre a la casa. La estrella es el Afternoon Tea, una torre de tres pisos para dos personas —sándwiches, viennoiserie y dos porciones de torta, con dos teteras de té a elección— que rinde homenaje directo a la herencia inglesa de Renée Dickinson. También se puede pedir en versión brunch, cambiando la viennoiserie por bruschettas de pan de masa madre. Hay opciones sin TACC, aunque no elaboradas en el propio local.


Más allá de la mesa
El sendero Arrayán recorre todo el predio entre bosque nativo, y el mirador Aldea regala una vista amplia de San Martín de los Andes. Quien quiera quedarse más de una tarde puede hospedarse en la hostería de montaña del predio, con vista al lago.








