Hay una versión que dice que el agua de Las Grutas es cálida por una corriente tropical que baja desde Brasil. No es así. El verdadero motivo es más simple y más patagónico: el Golfo San Matías es poco profundo y de mareas amplias, así que dos veces por día el mar se retira y deja el lecho marino al descubierto bajo el sol. Cuando la marea vuelve a subir, el agua que cubre esa arena recalentada arrastra el calor consigo. Es, literalmente, una pileta natural que se calienta sola. En verano, el mar en Las Grutas llega a los 24-26°C, con picos de hasta 27°, una temperatura que no tiene comparación en el resto de la costa patagónica.
El nombre del lugar viene de otro fenómeno natural: los acantilados que bordean la playa, de hasta 8 metros de altura, están perforados por cuevas labradas durante siglos por la erosión del mar y el viento. Entre la bajada 0 y la bajada 1, esas grutas le dan a la roca una forma casi abovedada, como una construcción. De ahí el nombre.

Las Grutas fue fundada oficialmente el 30 de enero de 1960, pero la costumbre de ir a pasar el día ahí es más vieja: ya en 1925 los vecinos de San Antonio Oeste llegaban en changas y picnics improvisados hasta la zona de los acantilados. En 1938 se decidió abrir la huella de 14 km que conecta ambos puntos, el antecedente directo del camino que hoy lleva miles de autos cada verano.
Hoy Las Grutas combina esa playa de agua tibia con una agenda de eventos que se arma temporada a temporada —ferias gastronómicas, competencias de pesca, carreras de trekking y mountain bike, jornadas de astroturismo aprovechando los cielos despejados de la costa— y que conviene chequear en las redes oficiales del destino antes de viajar, porque cambia cada año.
Fotografías: Turismo Las Grutas








