Murió Nirmal Purja: el alpinista que nos hizo creer en lo sobrehumano

Murió Nirmal Purja, el alpinista de Netflix que escaló los 14 ochomiles. Su historia, sus polémicas y el vínculo poco conocido que tuvo con el Aconcagua y Argentina

A finales de 2021, Netflix estrenó un documental de alta montaña, «14 Peaks: Nothing Is Impossible». Así fue como descubrí a Nirmal Purja.

Nims Purja murió esta semana en el Broad Peak, en el Karakoram paquistaní, arrastrado por una avalancha que sorprendió a su expedición el jueves 30 de julio, cuando el grupo salía del Campo 2 rumbo a la cumbre. Tenía 43 años. Su reloj Garmin siguió transmitiendo señal durante horas después del alud, marcando un descenso brutal en altura que ya anticipaba lo peor. El Club Alpino de Pakistán confirmó su muerte este 1 de agosto, junto a la de otros miembros del equipo de diez montañistas que dirigía.

Es una noticia que golpea distinto a quienes lo descubrimos con la boca abierta, sin poder entender del todo cómo un cuerpo humano podía hacer lo que él hacía.

Un físico que parecía de otra categoría

Purja nació en 1983 en Myagdi, en la provincia nepalí de Gandaki. Antes de ser el montañista más veloz de la historia, fue soldado: dieciséis años en el ejército británico, primero en los Gurkhas y después en el Special Boat Service, la unidad de élite de la Marina Real Británica. Ahí forjó una resistencia física y mental fuera de lo común, la base que después le permitió sostener esfuerzos extremos en la montaña, muchas veces sin oxígeno suplementario, en altitudes donde la mayoría de los organismos simplemente colapsan.

El quiebre llegó en 2012, en un trekking al campo base del Everest que, según contaba él mismo, le encendió una obsesión que ya no pudo apagar. En vez de volver como estaba planeado, siguió hacia la cumbre. Y ahí, arriba, descubrió que tenía una capacidad física que ni él mismo terminaba de dimensionar.

Nirmal Purja en la cumbre del Everest al amanecer, con el equipo de Project Possible y banderas de oración tibetanas junto a él
Fotografías de Elite exped

Project Possible: la hazaña que no debería ser posible

En 2019 hizo lo que la comunidad de alta montaña consideraba, literalmente, imposible: escaló las catorce cumbres de más de 8.000 metros del planeta en seis meses y seis días, pulverizando por años el récord anterior, que hasta entonces se medía en casi ocho años de escaladas. Los últimos cinco ochomiles los hizo en apenas doce días, encadenando ascensos que, para cualquier otro alpinista, hubieran requerido semanas de recuperación entre cada uno. Antes de eso ya había batido el récord de ascenso más rápido a Everest, Lhotse y Makalu: tres cumbres de más de 8.000 metros en 48 horas.

Cuesta explicar en palabras lo que significa eso. La «zona de la muerte», por encima de los 8.000 metros, es un lugar donde el cuerpo humano se está muriendo literalmente, minuto a minuto, por falta de oxígeno. La mayoría de los expedicionarios necesitan días de aclimatación entre cumbre y cumbre. Purja las encadenaba como quien corre una maratón atrás de otra, sin pausa, sin margen de error.

En 2021 lideró además la primera ascensión invernal al K2, el «monte cruel», con un equipo íntegramente nepalí, un hito que también reescribió la historia del alpinismo, protagonizado por sherpas y no por las expediciones occidentales que solían quedarse con el crédito de sus guías. Durante décadas, los nepalíes habían sido vistos casi exclusivamente como soporte indispensable de las expediciones extranjeras, nunca como protagonistas. Esa ascensión al K2 los reposicionó como montañistas de pleno derecho, capaces de liderar y firmar sus propias hazañas en el techo del mundo.

El documental que nos mostró que era real

Fue «14 Peaks: Nothing Is Impossible», el documental de Netflix estrenado en 2021, el que sacó a Nims del círculo cerrado del alpinismo de élite y lo puso frente a millones de personas que jamás habían pisado un glaciar. Hasta ese momento, en Latinoamérica lo conocían apenas los especialistas y los amantes de la alta montaña; para el resto del continente, Nims no existía. El documental cambió eso de un día para el otro: de golpe, millones de personas que no sabían diferenciar un ochomil de una colina lo tuvieron en la pantalla de su living, y su nombre empezó a circular en charlas que nada tenían que ver con el andinismo o el himalayismo. Verlo ahí, en pantalla, subiendo sin pausa mientras otros expedicionarios agonizaban por la falta de oxígeno, era la confirmación de que no se trataba de una exageración de prensa: ese cuerpo realmente funcionaba distinto al del resto. La película sigue el rodaje mismo del Project Possible —las negociaciones de visados, la logística imposible, el drama humano detrás de cada campamento— y deja ver esa energía particular de Purja: mitad soldado, mitad chico que tampoco terminaba de creerse su propia hazaña. Para mucha gente, ese documental fue la puerta de entrada a entender qué significa realmente subir un ochomil, y a descubrir que existía alguien capaz de hacer, con el cuerpo, lo que parecía reservado a la ciencia ficción.

Más que récords

A través de la Fundación Nimsdai, su brazo filantrópico, organizado en cuatro ejes: educación, medioambiente, ayuda ante desastres e inspiración, impulsó proyectos educativos y comunitarios en Nepal, entre ellos el financiamiento de la educación de hijos de porteadores hasta su graduación.

Su iniciativa más significativa, y quizás la menos conocida, fue la Casa del Porteador en Lobuche, inaugurada en mayo de este año: una inversión de 500.000 dólares para dar alojamiento seguro y digno a los porteadores en un punto clave de la ruta al campo base del Everest. Antes de esa construcción, esos trabajadores no tenían refugio propio y debían dormir en condiciones precarias o caminar dos horas cuesta abajo para conseguir un lugar donde descansar. También impulsó, a través de la fundación, campañas de limpieza en el K2 y otras cumbres, contratando y pagando de forma justa a equipos de sherpas para retirar la basura y las cuerdas viejas acumuladas durante casi 70 años de expediciones.

Ese fue quizás su aporte más silencioso: recordarle al mundo que detrás de cada bandera clavada en una cumbre hay guías, porteadores y comunidades locales que rara vez aparecen en los créditos y trabajar, con resultados concretos, para que el nombre de esa gente volviera a ocupar el lugar que históricamente se le había negado.

El operativo en Pakistán

El grupo que lideraba en el Broad Peak (8.047 m, la duodécima montaña más alta del mundo) estaba integrado por diez personas: cinco montañistas nepalíes, una climber omaní, una estadounidense, un chino, un pakistaní y el propio Purja. Hasta el momento se recuperaron varios cuerpos, entre ellos los de la primera mujer omaní en subir el Everest y de una alpinista estadounidense que hacía su debut en el Karakoram. El operativo de rescate se vio interrumpido por el mal clima y continúa en la zona.

¿Por qué estaba justo ahí? No era, como se especuló en algunos círculos, que otro alpinista estuviera pisándole los talones a su récord: Purja ya no perseguía la marca de 2019 —esa se la había arrebatado en 2023 la noruega Kristin Harila—, sino un desafío propio y todavía más extremo: convertirse en la primera persona en escalar los catorce ochomiles dos veces, la segunda vuelta sin oxígeno suplementario. Solo le faltaban el Broad Peak y el Cho Oyu para lograrlo. Según contó él mismo en redes sociales días antes de partir, originalmente sólo tenía planeado subir el Gasherbrum II, pero decidió sumar el Broad Peak al itinerario al darse cuenta de que, si coronaba esa cumbre, le quedaría una sola montaña para completar la hazaña. «Broad Peak, no te pido nada más que un ascenso y descenso seguros», escribió en una de sus últimas publicaciones.

Collage en blanco y negro con los retratos de los diez integrantes de la expedición al Broad Peak: Nims Dai, Yukta, Kili Pemba Sherpa, Nima Sherpa, Gyalu Sherpa, Nadhira Al Harthy, Sohail Sakhi, Nawang Sherpa, Mallory Geis y Wang Zhong

Las luces y las sombras

Como toda figura que se sale de lo común, Nims también cargó con polémicas, y sería incompleto un homenaje que las esconda. Su estilo de escalada, apoyado en oxígeno embotellado, cuerdas fijas, equipos numerosos e incluso helicópteros, lo enfrentó una y otra vez con el ala más purista del alpinismo mundial, que ve esas ayudas como un atajo que desvirtúa el mérito de la hazaña. También hubo cuestionamientos puntuales, como el debate sobre si él y su equipo habían alcanzado realmente la cima verdadera del Shishapangma en 2019, algo que después se determinó que no había ocurrido con precisión total. En 2022, una explosión de cilindros de oxígeno en una propiedad vinculada a su empresa provocó un incendio con víctimas fatales, por el que la Justicia nepalí terminó ordenando una compensación. Y en 2024, un artículo del New York Times recogió denuncias de conducta inapropiada de parte de dos mujeres; Purja las negó de manera categórica y calificó las acusaciones de difamatorias, aunque el episodio golpeó fuerte su imagen pública y generó un debate intenso dentro de la comunidad de montaña.

Nada de esto borra lo que construyó. Pero forma parte de la historia completa de un hombre que, justamente por salirse tanto de lo convencional, nunca dejó de generar discusión.

Su paso por Argentina: cuatro veces en el Aconcagua

Lo que quizás no todos saben es que Nims tuvo un vínculo directo con nuestras montañas. Llegó a Mendoza en enero de 2020, apenas unos meses después de completar el Project Possible, y esa no era su primera vez en la Argentina: según contó en ese momento a la revista Cumbres, ya había guiado expediciones al Aconcagua en tres oportunidades anteriores a través de su empresa de guías, Elite Himalayan Adventures.

Su rol en esos viajes no tenía nada de espectacular ni de récord: se trataba de acompañar a escaladores novatos, transmitirles nociones básicas de aclimatación y guiarlos hacia la cumbre más alta de América. Ese enero llegó junto a su amigo peruano Víctor Rimac, con quien ya compartía ascensos en el Himalaya, y el grupo se sumó a una causa especial: a través del programa «Vientos de Cambio» de Rimac, un chico peruano de apenas 14 años tuvo la oportunidad de subir el Aconcagua junto a ellos.

Cuatro veces vino a nuestro país y, según sus propias palabras, siempre por el mismo motivo: la montaña, el vino y los buenos bifes. Una manera sencilla, casi doméstica, de recordar que incluso un hombre capaz de hazañas sobrehumanas también podía disfrutar de Mendoza como cualquier viajero.

Uno de los que compartió esa experiencia de cerca fue Ricardo «el negrito» Calderón, guía de montaña y amigo de San Martín de los Andes, que en enero de 2023 formó parte del equipo local de una expedición de Elite Exped, la empresa de Purja, al Aconcagua. En su cuenta de Instagram, Calderón contó que trabajar junto a él fue como si a uno lo llamaran para jugar al lado de Messi, pero en la montaña, y describió a Nims como una persona que transmitía una energía enorme y amaba profundamente lo que hacía. Ese tipo de testimonios, de guías locales que compartieron cordada con él en el propio Aconcagua, son los que mejor explican por qué su muerte también se siente cerca, acá, del otro lado del mundo.

Un cierre que no cierra

Hay algo incómodo en escribir un homenaje mientras todavía se cuentan cuerpos. Pero también hay algo justo en decirlo ahora: pocas veces uno se cruza con alguien que redefine, en carne propia, lo que se creía posible para un cuerpo humano. Nims Purja no fue solo un récord ni una cifra: fue la prueba viviente de que los límites que dábamos por naturales, el sueño, el oxígeno, el cansancio, podían correrse mucho más lejos de lo que imaginábamos. Nos enseñó los nombres de montañas que la mayoría no sabía pronunciar, y de paso nos hizo replantear qué es, en el fondo, lo «extraordinario».

Su muerte no es solo la de un montañista más. Es la muerte de un ídolo para toda una generación que, gracias a Netflix, descubrió la alta montaña. Los que hoy tienen veinte, treinta años, y se apasionaron por el andinismo o soñaron alguna vez con un ochomil, lo hicieron muchas veces mirando esa pantalla. Ahora queda un vacío ahí, en ese lugar tan específico que ocupan los íconos que nos hicieron mirar hacia arriba por primera vez. Y hay algo más que deja, menos visible pero igual de importante: hoy, cuando un sherpa llega a una cumbre, tiene nombre propio. Antes, como el mismo Purja contó alguna vez sobre cómo se cubrían estas hazañas, «el sherpa de este escalador o del otro… ni siquiera tenía nombre». Ese cambio de mirada también es parte de su legado.

La montaña, al final, se lo llevó a él también. Pero la sensación de asombro que dejó, la de haber visto a un ser humano hacer algo que parecía imposible, va a seguir ahí, intacta, cada vez que alguien vea ese documental por primera vez.

Retrato en blanco y negro de Nirmal Purja con gorro Red Bull y anteojos de sol sobre la cabeza, sonriendo con las manos juntas en gesto de agradecimiento, vestido con campera de montaña
Fotografías de Elite exped

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