Jujuy es una provincia donde 75 millones de años de historia geológica conviven con el primer tren solar de Latinoamérica. Los cerros de la Quebrada de Humahuaca se pintaron de rojo, verde y blanco mucho antes de que existiera cualquier civilización que los mirara; hoy, un tren que se carga con energía solar recorre esos mismos colores conectando pueblos que llevan 10.000 años habitados.
Un tren que se carga con el mismo sol que pinta los cerros
En junio de 2024 empezó a andar el Tren Solar de la Quebrada, el primer tren de toda América que funciona con energía solar: paneles que cargan baterías de litio, sin una gota de combustible fósil de por medio. Recorre 42 km del viejo ramal C del Ferrocarril Belgrano, con seis estaciones —Volcán, Tumbaya, Purmamarca, Hornillos, Maimará y Tilcara— que atraviesan pueblos con presencia indígena ininterrumpida desde hace milenios. La BBC lo resumió con una frase que le queda bien a toda la provincia: un viaje de 10.000 años de historia indígena, hecho posible por la tecnología más nueva del sector energético.


Por qué los cerros son de colores
El Cerro de los Siete Colores de Purmamarca y el Hornocal, con sus catorce tonos, no son un efecto de la luz: son roca real, sedimentada hace unos 75 millones de años en un mar poco profundo que cubría lo que hoy es el norte argentino. La formación Yacoraite —caliza blanca, casi sin óxido, depositada bajo agua— quedó encajonada entre capas mucho más antiguas cargadas de hierro, que se oxidaron con el tiempo hasta volverse rojo intenso. El manganeso aporta los negros, el cobre los verdes y azulados, la glauconita otro verde distinto: cada franja de color en la montaña es, literalmente, un mineral distinto que quedó atrapado ahí antes de que los Andes terminaran de levantarse. La Quebrada de Humahuaca, declarada Patrimonio Cultural y Natural de la Humanidad por la UNESCO, debe ese paisaje a esa geología..



Pueblos, ruinas y una fe que vino de España
El Pucará de Tilcara conserva las ruinas de una fortificación precolombina que dominaba el valle; la Iglesia de San Francisco, en San Salvador de Jujuy, es la marca más visible de la evangelización española sobre ese mismo territorio. Entre esos dos extremos —lo prehispánico y lo colonial— se reparten pueblos como Purmamarca, Humahuaca y Tilcara, cada uno con su mercado artesanal propio, donde tejidos, cerámica y platería siguen produciéndose con técnicas que no cambiaron demasiado en siglos.
Una cosmovisión que se celebra en la calle
La wiphala, la bandera cuadriculada de siete colores, resume visualmente la cosmovisión andina y la diversidad étnica de la región. Esa cosmovisión se vive con más fuerza en dos fechas: el 1 de agosto, cuando las comunidades celebran a la Pachamama con ofrendas a la tierra, y el 2 de febrero, Fiesta de la Virgen de la Candelaria, que mezcla devoción católica con ritual andino. En la mesa, el locro, la humita y las empanadas jujeñas cuentan la misma historia de mestizaje con otro lenguaje.
Cuándo ir y cómo moverse
Otoño y primavera —mayo, junio, noviembre, diciembre— ofrecen el clima más estable; en verano, las lluvias estacionales pueden cortar caminos por crecidas de ríos. Además del Tren Solar, los buses conectan los principales puntos turísticos, y alquilar un auto da la libertad de recorrer la RN 9 a horario propio. Con altitudes de hasta 4.500 msnm, la aclimatación gradual es clave para evitar el apunamiento.







