A El Chaltén le dicen la Capital Nacional del Trekking. Después de conocerlo en otoño y en primavera, me animo a decir que el título se le queda chico: es una capital mundial.
La villa está en el extremo norte del Parque Nacional Los Glaciares, en Santa Cruz, donde confluyen los ríos De las Vueltas y Fitz Roy. Se llega por la RN 40 y después la RP 41, con la cordillera abriéndose en el horizonte como un imán. Cada estación cambia el paisaje: el otoño enciende los colores del bosque, la primavera lo llena de brotes nuevos.
Un poco de historia
El Parque Nacional Los Glaciares se creó en 1937 para proteger parte del Campo de Hielo Patagónico Sur y los ambientes que lo rodean: bosque nativo, estepa y una biodiversidad que todavía sorprende. El Monte Fitz Roy marca buena parte del límite norte del parque.
El Chaltén, en cambio, es mucho más joven: se fundó el 12 de octubre de 1985 por ley provincial, y es el pueblo más nuevo de Argentina. Su origen tiene que ver más con la geopolítica que con el turismo. En 1965, un enfrentamiento en el Lago del Desierto entre la Gendarmería argentina y los Carabineros de Chile terminó con la muerte de un oficial chileno, en medio de una disputa limítrofe que llevaba años sin resolverse. El Gobierno argentino decidió entonces poblar la zona como estrategia frente al conflicto, y en 1994 un tribunal arbitral internacional falló a favor de Argentina sobre la soberanía de esa área. Desde ahí, El Chaltén no paró de crecer hasta convertirse en la villa turística que es hoy.
El nombre viene de la lengua aonikenk (tehuelche) y significa «montaña humeante» —así llamaban los tehuelches al macizo del Fitz Roy, por las nubes que casi siempre coronan su cumbre—.

Por qué El Chaltén enamora a los trekkineros del mundo
El 80% de quienes visitan la villa son extranjeros, en su mayoría europeos y norteamericanos: es un pueblo genuinamente internacional. La razón es la cantidad y variedad de senderos, con opciones para cualquier nivel.
Chorrillo del Salto es corto, fácil, y se interna en el bosque hasta una cascada de más de 20 metros.
Sendero al Mirador Torre recorre el valle del río Fitz Roy hasta un mirador con vista a los cerros Solo, Adela y Torre: unos 20 km y entre 7 y 8 horas.
Laguna Capri son 4 km de ida y otros 4 de vuelta, unas dos horas en total, hasta una laguna de agua azul rodeada de ñires con vista al Fitz Roy. El primer kilómetro tiene una subida pronunciada hasta el Mirador del Río de las Vueltas, un balcón natural sobre el valle.
Pliegue Tumbado son 21 km y unas 8 horas ida y vuelta, con una de las vistas panorámicas más completas de la zona.
Laguna de los Tres es el plato fuerte: el mirador que más se acerca al Fitz Roy, de dificultad media, 25 km y entre 8 y 10 horas. Se puede empezar desde la villa o desde el Río Eléctrico, a 18 km del pueblo —la opción más recomendada, con varias agencias que ofrecen traslado desde la villa hasta el puente, con salidas escalonadas desde las 8 de la mañana—. Para quien pueda organizarlo, acampar en el Campamento Base Poincenot y llegar al mirador para el amanecer tiene una recompensa concreta: ver las paredes del cerro teñirse de naranja con la primera luz. El tramo final tiene unos 400 metros de desnivel bastante exigentes, pero la llegada compensa cada paso.
Para cualquiera de estos senderos: bastones de trekking (se alquilan en la villa si no tenés), calzado adecuado, abrigo, lentes de sol y protector solar son el mínimo indispensable.

Lago del Desierto
A unos 36 km de la villa, el Lago del Desierto —el mismo que le dio origen a la disputa limítrofe de los años 60— se recorre en excursión por agua, con bosque andino patagónico alrededor y la posibilidad de caminar hasta el Glaciar Huemul, con vista al cordón Vespignano y los macizos del Fitz Roy y el Torre. Se llega por la RP 23, bordeando el Río de las Vueltas, entre cascadas y bosques de ñire y lenga.
Los picos que rodean la villa
Cerro Torre (3.102 m), Fitz Roy o Chaltén (3.406 m), Poincenot (3.002 m), Adela (2.938 m), Egger (2.900 m), Mermoz (2.732 m), Stanhardt (2.800 m), Val de Vois (2.653 m), Saint Exupéry (2.556 m) y Rafael (2.482 m) forman el anfiteatro de piedra que rodea El Chaltén, visible desde casi cualquier punto del pueblo en un día despejado.
Fauna
Pájaros carpinteros, bailarines cenicientos, caranchos, chimangos, matamicos blancos, bandurrias y cauquenes reales conviven con el protagonista indiscutido del cielo: el cóndor andino. El Mirador de los Cóndores, de pendiente suave y bien señalizado, es el mejor lugar para verlos volar, con vista al pueblo, la estepa y el Lago Viedma de fondo. Zorros y guanacos también se dejan ver con más facilidad; pumas y huemules, mucho menos, aunque están.
Más allá del trekking
El Chaltén no es solo caminatas: también se puede hacer kayak, mountain bike y escalada, entre otras actividades al aire libre.
Después del trekking
La gastronomía de El Chaltén combina cocina argentina tradicional con toques internacionales, y el alojamiento va de hostels y campings a cabañas, departamentos, hoteles y glamping. En la montaña no hay wifi, pero hay señal para otra cosa.
Tips y recomendaciones
Calcular el regreso según el horario de la puesta del sol. Consultar siempre el clima y el estado de los senderos antes de salir. Llevar vianda y agua, e hidratarse durante toda la caminata. Ir siempre con abrigo, campera rompeviento, guantes, anteojos y protector solar, más calzado de trekking adecuado. La basura siempre vuelve con quien la lleva. No hacer fuego.
Entre los senderos más conocidos, se encuentran el Chorrillo del Salto, fácil y de corta duración que se adentra en el bosque hasta llegar a una hermosa cascada de más de 20 metros de altura.
Para aquellos que puedan hacerlo, lo ideal es empezar el sendero mucho más temprano y si se acampa en el Campamento base Poincenot, y se llega al mirador para el amanecer, el premio mayor es contemplar las paredes del cerro que se tiñen de un naranja furioso. El último tramo tiene una pendiente algo empinada de aproximadamente 400 metros de desnivel hasta la Laguna de los Tres, que demanda más esfuerzo. Cada paso se siente con propósito y pasión. No hay palabras para explicar la emoción de llegar a la meta, y para una persona como yo -amateur en senderismo-, me sentí Messi en la montaña.
Es recomendable llevar bastones de trekking, y si no tenés, podes alquilar en la villa. Muy importante es contar con calzado adecuado, abrigo, lentes de sol y protector solar.
Desde la villa también se puede visitar el Lago del Desierto, distante a 36 km. aproximadamente, donde se podrá observar el bosque andino patagónico y conocer destacadas especies arbóreas. Internarse en sus aguas desde una excursión en embarcaciones, hacer el sendero hasta el Glaciar Huemul, y divisar el cordón Vespignano y las impresionantes moles pétreas de los montes Fitz Roy y Torre, son algunas de las actividades más recomendadas.
Para llegar se debe tomar la ruta provincial 23 en sentido norte, bordeando el Río de las Vueltas. El viaje es un festín para los sentidos donde pueden observarse ríos de deshielo, cascadas, y bosques densos de ñires y gigantescas lengas. Cada camino presenta un desafío que con el correr del tiempo se convierte en senderos de alegría y camadería.
Pero no todo es trekking. También se puede hacer kayak, mountain bike, escalada y numerosas actividades al aire libre.
Y si lo tuyo es la búsqueda de un lugar para desconectar, El Chaltén es una opción de una belleza natural inigualable. Lagos de un azul profundo, bosques milenarios, cascadas, ríos y por supuesto los colosos de piedra que se erigen como una fortaleza que abraza a la villa: Cerros Adela 2.938 mts., Torre 3.102 mts., Egger 2.900 mts., Stanhart 2800 mts., Saint Exupery 2.556 mts., Rafael 2.482 mts., Poincenot 3002 mts., Fitz Roy o Chaltén 3406 mts., Val de Vois 2.653 mts., y Mermoz 2.732 mts.
La fauna es variada, se pueden divisar pájaros carpinteros, vilán ceniciento, caranchos, chimangos, matamico blanco, bandurrias, cauquén real. Pero sin lugar a dudas, el protagonista indiscutido de los cielos es el cóndor andino. El Mirador de los Cóndores con una pendiente suave, es el lugar ideal para sentarse a mirar el vuelo de los cóndores, con una increíble vista panorámica sobre el pueblo, los cerros, la estepa y el Lago Viedma. Está muy bien señalizada y en su trayecto hay varios carteles informativos que enseñan a respetar y proteger el ambiente.
También se divisan zorros, guanacos y con suerte se podría ver pumas y por qué no el huemul. Aunque son pocas las posibilidades, están presentes y camuflados con el entorno natural.
Si lo tuyo es la fotografía, como quien suscribe, hay un sinfín de escenarios para inmortalizar los mejores momentos del día. Todos los que amamos explorar la naturaleza, desafiar los límites y compartir experiencias inolvidables, el espíritu de montaña se hace sentir en cada sendero.
Al final del día y luego de una exhausta actividad, nada mejor que disfrutar de la gastronomía local, que combina la cocina tradicional argentina con toques de cocina internacional, para todos los gustos y paladares.
El alojamiento también es variado, y abarca desde hostel, hosterias, cabañas, departamentos, hasta hoteles de más envergadura y glamping (camping de lujo). Para aquéllos que disfrutan al máximo de la naturaleza también pueden acampar.
Los paisajes de cimas contorneadas esculpidas por el viento, picos nevados, lagos cristalinos, icebergs flotantes, bosques frondosos y atardeceres de película, son la mise en place de un sitio mágico y cautivador.
En resumen, se trata de una de esas experiencias que se graban en nuestra mente para siempre. En la montaña no hay wi fi, pero hay señal para el alma. El Chaltén es todo y hay mucho más. El resto lo vas a descubrir vos.















