Barrancas tiene otro nombre oficial, Abdón Castro Tolay, en homenaje a un maestro rural que le cambió el destino al pueblo entero. Y tiene, guardado en las barrancas del río que le da nombre, uno de los sitios de arte rupestre más importantes de la Puna: más de 40 sitios arqueológicos y un cuerpo momificado de más de 8.500 años de antigüedad.
El maestro que mudó un pueblo
En 1919, Abdón Castro Tolay llegó como maestro y director de la escuela N°56 a lo que entonces era un caserío ubicado unos kilómetros al sur del pueblo actual, en una zona de inviernos muy fríos y agua escasa. Observó el terreno, entendió el problema, y le propuso a los vecinos algo poco habitual para la época: mudar el pueblo entero a un punto más protegido del clima. Se trazó el nuevo emplazamiento reservando los lugares para la iglesia, la plaza y la escuela; se reconstruyeron las casas, se empezó la iglesia y, un par de años después, se hizo el trabajo más difícil: traer agua de un manantial hasta el pueblo. Castro Tolay se quedó en Barrancas hasta su jubilación, en 1957. En 1954, en reconocimiento a todo eso, el pueblo cambió su nombre oficial al de su maestro.
Un río con 8.500 años de historia
El río Barrancas talló, a lo largo de 8 km, paredones de ignimbrita que hoy conforman la Reserva Municipal Natural y Cultural, declarada en 1994. Ahí se concentran más de 40 sitios arqueológicos con arte rupestre pintado y grabado —caravanas de camélidos, guerreros, figuras del período Formativo— que investigadores del CONICET y la Universidad Nacional de Jujuy siguen estudiando. El hallazgo más impactante de la zona es un cuerpo momificado de más de 8.500 años de antigüedad, que se conserva en el Centro de Interpretación Arqueológica del pueblo, todavía objeto de investigación activa.
Cómo llegar
Se accede subiendo desde Purmamarca por la Ruta Nacional 52, atravesando las Salinas Grandes. Desde un cruce señalizado, un tramo de 6 km por la Ruta Provincial 75 lleva directo al pueblo.
Qué más hacer en Barrancas
Más allá del centro de interpretación y la reserva, Barrancas ofrece un acercamiento directo a la vida de la Puna: artesanas que muestran el proceso completo de sus prendas, desde la esquila hasta la confección, gastronomía local servida por los mismos prestadores turísticos del pueblo, y propuestas de turismo comunitario con alojamiento y actividades pensadas para conocer la vida cotidiana del lugar, no solo sus atractivos.










